Novena Inmaculada – Tercer Día


Si en el algún momento, se puede disfrutar y celebrar con especial sensibilidad y encanto una fiesta mariana, es precisamente, en el corazón del Adviento, la Inmaculada Concepción.

–¿Quién sino Ella, estuvo vigilante, ante la llegada de Jesús?

–¿Acaso no nos despierta para que salgamos al encuentro del Salvador?

–¿No es referente, reflejo y espejo de la pureza y de la blancura que a todo un Dios enamoro?

–¿No es Ella el mejor indicador para encontrar el sendero que conduce a Belén?

Hoy, cuando asistimos a una contaminación general, y no tanto de la atmósfera (que también) cuanto del corazón y de los sentimientos de las personas, María, se convierte en el baluarte de la esperanza y de la virtud, de la verdad y de la gracia, de la ternura, del amor y de la autenticidad de la próxima Navidad.

Alcanzadme Madre principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un grande aprecio de la virtud cristiana, y la tercera, una buena muerte. Además, dadme la gracia particular que os pido en esta novena (hacer aquí la petición que se desea obtener).

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Rezar tres Avemarías.

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