Novena Inmaculada – Sexto Día

En el corazón del adviento nos encontramos  con la figura entrañable de la Inmaculada Concepción de María.

       En este adviento se nos ha pedido que pongamos manos a la obra de nuestra conversión para llegar a nuestro triunfo. Hay que despertar, pues, de nuestra indolencia, de nuestra indiferencia o de nuestra desesperanza, porque nos parece que todo va a seguir igual, que nada va a cambiar … y que no vale la pena hacer ningún esfuerzo. Y a pesar de todo se nos proclama este mensaje del adviento: ¡Despertad y vigilad!                                         

          La figura de Juan el Bautista surge en el adviento, interpelándonos, para que nos convirtamos: “preparad el camino del Señor, allanad sus senderos, porque el Señor está cerca”. No hay tiempo que perder. Juan recorrió el desierto, predicando un bautismo de  conversión, para llegar al perdón de los pecados. Las gentes de aquella época  le preguntaba: “¿Qué debemos hacer?. El respondía: el que tiene dos túnicas, dé una al que no tiene, y el que tiene alimentos que haga lo mismo”.

       Hoy todos los cristianos preguntamos también a la Iglesia: ¿Qué debemos hacer?. Y la respuesta nos la da la Iglesia con esta fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Ella es el modelo de todo cristiano para que Dios nazca, para que Dios se encarne en el corazón del hombre, en tu corazón.      

       ¿Qué debemos hacer?. Vernos en Ella, como en un espejo.

Y en Ella, ¿qué vemos?: su misericordia y su justicia, que mira por los marginados, los pobres, los necesitados.

1.-Necesitada estaba Isabel, mujer ya mayor, que iba a ser madre por la primera vez y allí fue aprisa.

2.- Algo pobres eran unos novios, que se casaban en Caná de Galilea y no tenían vino suficiente para invitar a los comensales y forzó a su Hijo a adelantar la hora de su manifestación, como la mejor intercesora.

3.- Angustiado andaba su Hijo en la hora de su muerte y presente estuvo al pie de la cruz.

Esto hizo. Y ¿qué hago yo por los pobres, los necesitados, los marginados, por los que se ahogan en sus angustias, en sus miserias, en sus soledades materiales, espirituales? 

      

Alcanzadme Madre principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un grande aprecio de la virtud cristiana, y la tercera, una buena muerte. Además, dadme la gracia particular que os pido en esta novena (hacer aquí la petición que se desea obtener)

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Rezar tres Avemarías.

Maria en  las bodas de Cana

                           

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