Novena Inmaculada – Septimo Día

María vivió en este mundo una vida igual a la de los demás, llena de preocupaciones familiares y de trabajo, dice un pasaje de los documentos conciliares.  (cf. AA 4-b)  Todo lo que una mujer vive en la dura cotidianeidad de su existencia, María lo vivió. En Ella brillan los rasgos de una femineidad que hoy podríamos y deberíamos rescatar para tenerlos como espejo en el que puedan mirarse las mujeres de toda edad, clase, condición,… porque María, mujer y madre, ha encarnado la normalidad de la vida de una mujer, pero en un “humus” de eternidad, de lo que no pasa, desde la novedad del amor, del amor que hace nuevas todas las cosas porque lleva el sello de lo eterno.

 

Vivió en un “humus” de eternidad porque fue servidora de la Palabra de Dios, recibiendo de su Hijo la mejor alabanza: dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. (M.Ma. Eugenia Vicenti)

Alcanzadme Madre principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un grande aprecio de la virtud cristiana, y la tercera, una buena muerte. Además, dadme la gracia particular que os pido en esta novena (hacer aquí la petición que se desea obtener)

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Rezar tres Avemarías.

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