Hogar de la Joven Vicenta Ma.; gran ejemplo de amor


 

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Atiende a jovencitas que llegan a la Ciudad de México en busca de mejores oportunidades de vida.

“Que las jóvenes vivan bien y se salven”, fue el sueño que hace 137 años llevó a la santa española Vicenta María, a fundar la Congregación de las Religiosas de María Inmaculada, cuya misión actual es la formación y protección de adolescentes y jóvenes, para conservarlas en el bien y fuera de peligros, especialmente a aquellas que llegan del campo a las grandes ciudades en busca de oportunidades de estudio y trabajo.

Santa Vicenta María soñaba con una obra en favor de las empleadas domésticas, para ayudarlas a convertirse en mujeres plenas, llenas de atención y respeto, capaces de desarrollarse y promocionarse, de tomar la vida en sus manos para ponerla al servicio de la humanidad, mujeres con influencia positiva en la familia y en la sociedad.

Así nacieron las casas hogar Vicenta María, que hoy suman más de cien en distintos países del mundo. Son espacios de acogida, donde las adolescentes y jóvenes encuentran un hogar y el apoyo de religiosas que se ocupan de su bienestar físico y espiritual, y les proporcionan herramientas para abrirse camino en la vida.

“Estamos organizadas como una gran familia”, señaló la hermana Olga Rocío Castañeda, directora de la Residencia Vicenta María, en la colonia San José Insurgentes. Durante casi 70 años, en esta casa se ha atendido a muchas jóvenes de escasos recursos que llegan a la Ciudad de México, de zonas rurales o indígenas, con la ilusión de encontrar trabajo y continuar sus estudios.

De lunes a viernes, residen en esta casa unas 80 jovencitas, y los fines de semana suman hasta 130, por aquellas que tienen descanso en sus lugares de trabajo. Aquí tienen un espacio para vivir, agua caliente y tres alimentos al día, además de los cuidados y cariño de las religiosas de María Inmaculada, que se ocupan de ellas como si fueran sus propias hijas.

La casa también cuenta con una oficina de colocaciones para ayudarles a conseguir trabajo, un centro social y una academia dominical en la que se ofrecen talleres de cocina, manualidades, danza, tejido, computación, así como estudios de educación Primaria, Secundaria y Preparatoria abierta.

La hermana Olga Rocío explicó que la mayoría de las “hijas” de Vicenta María se colocan como empleadas domésticas, pero el objetivo es que estudien una carrera que les ofrezca oportunidades de desarrollo, contar con un trabajo estable y prestaciones de ley.

Es por ello que las religiosas cuidan que estén inscritas en alguna escuela regular, les gestionan becas y están al pendiente de que cumplan con todo lo relacionado con los estudios. “Cada una de ellas es especial para nosotras, no nos acostamos sin visitarlas en sus habitaciones, porque a veces no las vemos en todo el día, las saludamos, comprobamos que estén bien y platicamos sobre sus cosas”.

Como en toda familia, las residencias Vicenta María tiene reglas de convivencia: las jóvenes deben ser moralmente sanas, deben ayudar con el aseo de sus habitaciones y áreas comunes, estudiar y cumplir con los horarios establecidos de llegada o para recibir a los novios, aunque de vez en cuando no falta que las religiosas se desvelen por esperar a alguna muchacha que obtuvo un permiso especial para salir.

Una vez a la semana, todas las jovencitas tiene formación religiosa: grupos de Biblia, desarrollo humano, Sacramentos, oración, liturgia y orientación vocacional; el viernes es el día social, hay juegos de mesa, competencias deportivas, plática e incluso baile.

Sin embargo, los gastos son elevados. Las hermanas de María Inmaculada se ven constantemente en aprietos para alimentar a cien personas todos los días, pero sobre todo para pagar los impuestos y servicios: “cada mes son 45 mil pesos de predial y cantidades similares en agua y luz”, apunta la hermana Olga Rocío al comentar que hay personas de buena voluntad que apoyan la obra y las jóvenes aportan una cuota de acuerdo a sus posibilidades, pero “hay situaciones que nos rebasan, no nos alcanza”.

Aun así, inspiradas en el incansable espíritu de su fundadora, la congregación hace planes para abrir una “casita” en las zonas de Santa fe o Polanco, para acoger a jóvenes que salen los fines de semana de las casas donde trabajan y no tienen a donde ir.

“Esta experiencia ya se desarrolla con buenos resultados en Monterrey, porque se aleja a las muchachas de muchos peligros, se les escucha, se les orienta y reciben formación cristiana en lugar de pasar la noche en los antros”, comentó.

Informes

Hogar de la Joven Vicenta María

Acordada Núm. 99, Col. San José Insurgentes, Del. Benito Juárez (Cerca del metro Mixcoac). Teléfono: 5598-4256/ 5598-4788.

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