Reflexión Vocacional Noviembre 2014

 

 

Oración introductoria

Señor, ayúdame a comprender en esta oración lo que puede conducirme a la paz y a la auténtica felicidad. Abre mi mente y mi corazón, aumenta mi fe, acrecienta mi confianza, inflámame de tu amor y ayúdame a aprovechar esta oportunidad que me das para encontrarme contigo en esta meditación.
Petición
Jesús,  que pueda comprender que tu paso por mi vida es lo único que me llena de plenitud, hazme capaz de acoger la gracia de ser consciente de tu acción en  mí.
Reflexión a partir del texto Lc. 19, 41-44

 

La persona humana se regenera verdaderamente sólo en la relación con Dios, y a Dios se le encuentra aprendiendo a escuchar su voz en la quietud interior y en el silencio (Benedicto XVI, 10 de agosto de 2010).

 

Para nosotras la vida lleva un ritmo que pocas veces controlamos, hacemos planes, proyectos, horarios, etc, pero la realidad es que al final caemos presa de aquello que en un principio queríamos evitar. Y se nos va la vida, y en ella, las infinitas gracias que Dios nos otorga pero que por estar tan ocupadas en justificadas acciones, no pudimos aprovechar.

 

No olvidemos que en este año de la Vida consagrada el elemento por por excelencia hemos de priorizar es el ESTAR CON EL…  pues es eso lo que hace de nuestra vida, una entrega con sentido.
Jesús llora por Jerusalén. Y profetiza una realidad que seguimos contemplando hoy. Existe división, existen enfrentamientos, existe desencuentro, existen guerras. A lo largo de todo el Antiguo Testamento la tierra prometida ha sido un punto de referencia, una esperanza y hasta cierto punto la garantía de un pueblo. Sin embargo, no es suficiente para la salvación, la tierra no deja de ser un lugar y sus miembros los responsables de lo que en ella sucede. Y aquí estamos llamadas a ser signos como fruto de nuestros momentos, de las visitas de Dios a mi vida y que al ser consciente, puedo aprovechar para centrarme en El.
El pasaje nos parece sorprendente. Por un lado Jesús profetiza una realidad negativa de este mundo y por otro llora por el presente y el futuro de un pueblo. Jesús ama su tierra, ama a su pueblo y sufre por lo que no ve en él. El enfrentamiento es consecuencia de no entender lo que conduce a la paz, de obstinarse en creer que la paz global no es el resultado de la paz con uno mismo. Quizás, cuando Jesús llora, está teniendo presente todas las guerras que se sucederán en el tiempo, todo el dolor que el hombre se produce a sí mismo. Y es que el hombre, la criatura que Dios ama con ternura, puede destruirse a sí mismo. Pensemos las veces que hemos caído en desesperanza, desanimo, crisis y que no hayamos sentido… y cómo podríamos hallarlo si somos responsables de no priorizar a Jesucristo por encima de todo en cada instante de nuestra vida.
Podemos pensar en la guerra como en algo lejano en el espacio y en el tiempo, algo ajeno a nuestra realidad cotidiana. Pero la guerra en definitiva es el odio, es el rencor, el tomarse la justicia por su mano. Cuando no perdonamos una falta de caridad que han tenido con nosotros, cuando guardamos y recordamos el mal que nos han hecho, no estamos entendiendo lo que conduce a la paz. Nuestra sociedad en general adolece de armonía… a la puerta del adviento podríamos preguntarnos: ¿cómo preparare un lugar al Señor en mi corazón? ¿Cómo prepararemos en comunidad la venida del Señor? Soy consagrada, ¿cómo dejo que esta elección de Dios en mi vida trascienda mi ser y hacer?
Porque el hombre tiene un sentido de la justicia limitado, porque nosotros somos limitados y vamos a fallar muchas veces, vamos a herir, aun sin intención, y vamos a ser heridos. No podemos aplicarnos un sentido de la paz irrealizable. Jesús llora porque nos obstinamos en no aceptar las normas flexibles del amor. Jesús simplemente nos invita a ser conscientes diariamente de su Presencia permanente y actuante… no dejemos ahogar por nada la alegría de sabernos llamadas, amadas, enviadas.

Propósito
Buscar la paz, que es fruto del amor y del perdón, de la comprensión y de la lucha por mejorar y amar sin medida.  Intentemos en este mes ser espacios donde brille mi alegría por ser RMI… que aun en medio del trabajo y responsabilidades, la rutina no sea más fuerte que mi compromiso con Aquel que me consagro!

Diálogo con Cristo

Señor, no puedo cerrar mi corazón y ahogar en mi egoísmo mi celo apostólico. Fortaléceme, hazme generoso para crecer en el amor y dedicarme a mi misión con ahínco, y así, vivir cada vez más conforme a TI y contagiando a mí alrededor paz, serenidad, alegría, servicio.

 

Actividad:

Ser agentes de PAZ y VIDA… al estilo de la amiga secreta… hagamos una rifa de nombres de las hermanas de comunidad y escribámosle una carta donde seamos “visita del Señor que le anuncia su Paz… contagiándole amor, amistad, perdón…”

 

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