Mes de María: Día 12


 

Pueblo de México “AHÍ TIENES A TU MADRE” (Jn 19,27)

Nuestra Señora de Guadalupe, maternal bendición desde las tierras mexicanas para toda Hispanoamérica, ruega por nosotros.

VIRGEN DE GUADALUPE. Patrona de México y Emperatriz de América

Un indio llamado Juan Diego hoy Santo, vio a una Señora de sobrenatural belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, que con palabras muy amables le dijo que fuera al obispo a pedirle que construyera un templo en aquel lugar. Por dos veces el obispo le dijo que no le creería si no le traía una señal. Al día siguiente Juan Diego se la pidió, y la Virgen le mandó cortar flores (era invierno) y llevarlas al obispo. Cuando el indio desplegó su tilma, se esparcieron por el suelo las rosas, y en ella apareció grabada la imagen de la Virgen, tal como se venera hoy en el Templo de la Basílica de Guadalupe. Los científicos no pueden explicar por qué la tela no se corrompe, cómo han sido pintados los colores y cómo es que en la pupila de la Virgen está miniaturizada toda la escena del momento del milagro.  Su festividad es el 12 de diciembre.

(Rezan un Ave María, Padre Nuestro y Gloria o un misterio del Santísimo Rosario por las necesidades del País.)

ORACIÓN:

Virgen Santísima de Guadalupe, Madre de Dios, Señora y Madre nuestra. Venos aquí postrados ante tu santa imagen, que nos dejaste estampada en la tilma de Juan Diego, como prenda de amor, bondad y misericordia. Aún siguen resonando las palabras que dijiste a Juan Diego con inefable ternura: «Hijo mío queridísimo, Juan a quien amo como a un pequeñito y delicado,» cuando radiante de hermosura te presentaste ante su vista en el cerro del Tepeyac.

Haz que merezcamos oír en el fondo del alma esas mismas palabras. Sí, eres nuestra Madre; la Madre de Dios es nuestra Madre, la más tierna, la más compasiva. Y para ser nuestra Madre y cobijarnos bajo el manto de tu protección te quedaste en tu imagen de Guadalupe.

Virgen Santísima de Guadalupe, muestra que eres nuestra Madre. Defiéndenos en las tentaciones, consuélanos en las tristezas, y ayúdanos en todas nuestras necesidades. En los peligros, en las enfermedades, en las persecuciones, en las amarguras, en los abandonos, en la hora de nuestra muerte, míranos con ojos compasivos y no te separes jamás de nosotros

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