La pandemia puede propiciar la conversión

Les compartimos a continuación un artículo del P. Victor Perez SJ

Existen en la pandemia dos amenazas: el rebrote de nuevas cepas del Covid y la profunda crisis económica debido a ella. Los restauranteros expresaron su crisis en tres palabras “abrimos o morimos”. La pandemia ha causado miles de muertes, y algunos de los que superan la enfermedad han sufrido graves secuelas en la salud física y mental (neurosis y psicosis). Para superar esto, se han propuesto varias recomendaciones psicológicas, y de modo natural han surgido, en muchos, el cultivo de algunas virtudes: paciencia, tranquilidad, sencillez de vida, silencio y oración. La producción de la vacuna abre esperanzas, pero también varias incógnitas.

Se ha dicho que de la pandemia saldremos mejores o peores según la actitud que tomemos. En efecto, lo negativo puede suscitar la resiliencia de una conversión personal, comunitaria, económica y política. Nuestra vida pende de un hilo, como la espada de Damocles y sentimos la angustia de las experiencias de muerte cercana, aunque de modo menos dramático de los que han estado al borde de la muerte y han vislumbrado la luz del más allá. Estudios sobre estas experiencias, han concluido que los que la han experimentado han cambiado de modo radical su forma de vida. Ojalá este sea nuestro caso: abrirnos a una fraternidad global, y desde luego al amor al prójimo que siempre está cerca. El principio: me cuido a mí, cuidando a otros, que a primera vista podría parecer egoísta, resulta altruista.

Otras pandemias más terribles que la actual no generaron crisis económicas tan agudas. Esta crisis de la economía nos debe hacer pensar en un cambio profundo de estructuras económico-políticas, que superen tanto el neoliberalismo como el populismo.

El respeto a la vida humana se debe extender a la ecología y a luchar contra el tráfico de armas. Además, urge legislar sobre el respeto a la casa común, en especial a la vida humana. En vez de legislar sobre el llamado “derecho al aborto” y a la eutanasia, que conduce a descartar a las personas de la tercera edad porque ya no son productivos. Actualmente son dignos de encomio las manifestaciones en contra de los feminicidios, pero no sería coherente hacerlas por medios destructivos y violentos.

De acuerdo con la Laudato si’, habría que acabar con las empresas contaminantes y revisar a fondo el derecho laboral, fiscal y contractual, para adaptarlos a una vida social más armónica: garantizar el derecho natural a la propiedad privada, pero establecer medidas para que sea efectiva su “hipoteca social”. “El derecho a la propiedad privada sólo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados, y esto tiene consecuencias muy concretas que deben reflejarse en el funcionamiento de la sociedad. Pero sucede con frecuencia que los derechos secundarios se sobreponen a los prioritarios y originarios, dejándolos sin relevancia práctica” (Fratelli Tutti. 120). Esto supone abrirnos a la solidaridad y tratar de llevar una vida austera para superar el consumismo que nos consume como seres humanos al propiciar la codicia y la avaricia de los bienes materiales.

El Papa Francisco subraya, que el dolor, la incertidumbre, el miedo y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia nos hacen repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia. (FT. 33).

Como grandes obstáculos para crear un mundo mejor surgen los liberalismos y los populismos. Estos comienzan por intentar clasificar a los ciudadanos en dos polos, a fin de desacreditar uno de ellos de modo exagerado y enaltecer el otro. Estos populismos instrumentalizan al pueblo y lo usan al servicio de un proyecto personal y de permanencia en el poder, “exacerbando las inclinaciones más vagas y egoístas de algunos sectores de la población”. Algunas de estas degradaciones de liderazgo popular no avanzan en la tarea ardua y constante “que genere a las personas los recursos para su propio desarrollo, para que puedan sostener su vida con su esfuerzo y creatividad”. (FT. 159-161). No hay que confundir democracia con demagogia, ya que no existe “peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo” (FT. 162).

Contra el neoliberalismo se ha demostrado que las reglas de la economía del mercado por sí solas no conducen a una política económica que resuelva las inequidades que destruyen el tejido social. En pocas palabras, es de vital importancia promover, como ya en la antigüedad lo pedía Aristóteles con su filia politiké, una caridad social y política. Para esto se requiere valentía y generosidad a fin de establecer en plena libertad objetivos comunes que cumplan normas básicas para imponer no el derecho de la fuerza, sino la fuerza de un derecho justo. (Cfr. FT. 163-190).

P. Victor Manuel Perez Valera SJ

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