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Un artículo sobre Sta Teresa de Calcuta

Teresa de Calcuta, gigante del espíritu.Víctor Manuel Pérez Valera*

Para el Papa Francisco Teresa de Calcuta poseía una santidad tierna, fecunda y cercana. La asistencia a la reciente ceremonia de canonización fue impresionante: 46 cardenales, 230 arzobispos y obispos, más de mil sacerdotes, entre ellos al menos uno de México, más de cien mil fieles venidos de diferentes países, y alrededor de 25 delegaciones oficiales de los principales países del mundo. La “familia” fundada por la Madre Teresa tenía, 65 años después de su fundación, 5,150 religiosas distribuidas en 758 casas y 139 naciones.

En la oración de San Francisco que Teresa de Calcuta evocó al principio del discurso cuando recibió el premio Nobel de la Paz, compendia, según Indira Gandhi “de un modo sumamente elocuente, la dulzura, el amor y la compasión que emana de la pequeña figura de la Madre Teresa”. Tagore había escrito “que tus pies se apoyen allí donde viven los más pobres, los más humillados y los más abandonados” y según Indira allí debe buscarse a la Madre Teresa, “que no piensa ni hace la menor discriminación entre razas, credos, idiomas o países”. En suma, para Indira Gandhi el servicio de la Madre Teresa “constituye su ocupación, su religión y su redención”.

A veces, la manifestación de una profunda necesidad de otra persona puede convertirse en una interrogante, en algo que cuestiona y pone en jaque nuestra vida. En efecto, en una ocasión, la madre Teresa de Calcuta se encontró a un anciano mutilado que le clavó la mirada y le gritó: “tengo sed”. El tren ya estaba en movimiento, y la entonces joven religiosa no pudo bajarse, pero la invocación del pobre la sacudió y cambió toda su vida. En adelante ella ya no podía ver el crucifijo sin figurarse encima de la cruz el letrero “tengo sed”. Este grito se convirtió para ella en la súplica de millones de hombres y mujeres que padecen “hambre y sed de justicia”.

Todo comenzó en Calcuta, “ciudad de pesadilla” como la llamó Jawaharlal Nehru, donde los insectos y las agencias de honras fúnebres hacen su agosto. Un tiempo fue la ciudad de los palacios, después fue más tugurio que palacio. Ciertamente existe una vigorosa vida intelectual y política que hace más trágica la pobreza extrema. Los mendigos pululan por todas partes y sus gemidos parten el alma. En algunos barrios la suciedad es agobiante, la basura rara vez se recoge y en ocasiones se defeca en las calles. Para algunos es una ciudad agonizante de la que hay que escapar lo más pronto posible. En este lodazal humano apareció una mujer frágil, que movida por la fe se dedicó con gran amor a ayudar a los parias, a los más pobres entre los pobres, a los más despreciables de la paradójica ciudad de Calcuta. Al poco tiempo se le unieron a Teresa dos jóvenes chicas, antiguas discípulas del colegio de Entally, entre tanto, Teresa partió a Patna a tomar unos cursos de medicina.

Al poco tiempo se fundó el centro de Titagarh en donde se atendieron cientos de leprosos.  

El amor es un fruto que madura en todas las estaciones, en todos los tiempos, y que se encuentra al alcance de todas las manos. Cualquiera lo puede recoger, sin limitación alguna… Madre Teresa de Calcuta.

Madre Teresa recibió al menos más de 13 reconocimientos internacional, entre los que destacan, en 1977 el doctorado honoris causa de la Universidad de Cambridge. Y el 10 de diciembre de 1979 el premio Nobel de la Paz. El mensaje central de su discurso en Oslo fue sobre el amor en todas sus dimensiones, lo cual conduce al amor a la vida y a la paz.

 

El amor sobre todas las cosas: en una ocasión Madre Teresa fue invitada especial al Congreso Internacional Eucarístico de Bombay (1964), pero en el camino se encontró a un par de esposos moribundos: se dedicó a auxiliarlos y cuando llegó a la ceremonia ésta había concluido.

 

Un rasgo muy importante en la vida de Madre Teresa fue su experiencia, como en otros místicos, de “la noche oscura del alma”. Ella perseveró en el amor aun en la oscuridad de la noche. Esto nos recuerda aquella célebre frase de Pascal: “todos somos ateos y creyentes, tímidos y temerarios”.

 

En algunos casos se ha reprochado a Madre Teresa de tener una postura conservadora. En parte es cierto, pero conviene advertir que en muchos aspectos la fe y la moral van contracorriente en un mundo cada vez más secularizado. Además, conviene reconocer que en muchos aspectos el mejor profeta de nuestro futuro es nuestro pasado.

 

*Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

 

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Recordando a H.Angela Hernández

Hace 11 años un 17 de Marzo nos dejaba nuestra hermana Angela. En este año de la Santidad la recordamos dando gracias a Dios por su testimonio de vida.

H.Angela

Angela Hernández Orta RMI

Nació en un pueblo llamado San Antonio, en el Estado de San Luis Potosí, el 15 de Febrero de 1958.
Entró al prenoviciado el 7 sept. de 1987.
Inició noviciado el 7 de sept. 1988
Hizo sus votos temporales el 6 de abril de 1991
Profesión perpetua el 4 de junio de 1997.
Fallece el 17 de marzo del año
2004

Conocí a la hermana Angela, en la casa de México DF el día 13 de marzo de 1998, eran mas o menos las 7:45 pm, en la capilla de esa casa. ¿Cómo es que recuerdo esa fecha?  Fue el día que llegué a la casa para quedarme a vivir con las hermanas, llegué y me impresionó ver el Cristo y luego oir las pisadas de las hermanas que del coro iban a rezar. Ahí ví por primera vez a la H.Angela, con un sonrisa que nunca voy a olvidar, pues me dejó sumamente impresionada, me sentí acogida, en casa. Recuerdo que me invitó a rezar, ¡qué sabía yo de eso! …Algo le habrá inspirado Dios.

Así con ese gesto sencillo, la empecé a tratar. Ella era una de las encargadas de la cocina. Recuerdo que siempre al volver de la escuela o trabajo nos preguntaba: “¿ya comiste?”. Siempre tenía algo para ofrecer, era su manera de preocuparse de nosotras, de mostrar cariño. Tengo pocos recuerdos de ella pero para mí han sido fundantes no solo en mi vocación sino también en mi vida personal.

Se caracterizó por ser atenta a la necesidad del otro. Cuando alguien llegaba a pedir comida a casa ella siempre le atendía. Solía decir: “Hay que tratarlos bien. Al darles de  comer estamos dando de comer a Jesús. Si podemos darles algo no los dejemos ir con las manos vacías.” Personalmente les llevaba la comida, escuchaba un poco sus problemas, les animaba, trataba con dignidad a todos. Esas personales la llamaban H.Angelito, pues así la veían.

Me llamaba la atención su manera de ser alegre siempre, no recuerdo haberla visto enfadada más que sólo una vez. Con su lenguaje sencillo y cercano nos animaba a crecer. ¡Qué bien sabía decir las cosas! Una vez la oí decir : “Si vas a hacer las cosas enojada, mejor no las hagas, las cosas así no salen bien”. Era humilde, la vi un par de veces acercarse a nosotras para disculparse cuando por debilidad tenía un sobresalto. Actitud que me llamaba mucho la atención. Recuerdo que me decía a mí misma: “Mira las hermanas si se equivocan piden perdón”. Su vida discreta, el recuerdo de verla siempre alegre, trabajando en la cocina, cercana a nosotras, es lo que me marcaron. Su carácter fuerte pero a la vez dulce y entrañable me supo hacerla querer y valorar.

Creo que su santidad está ahí en vivir de manera extraordinaria lo ordinario. No era una hermana que todo el mundo viera, pero si una hermana que se hacía notar porque al cocinar ponía todo su empeño, lo poco o mucho que sabía. La última vez que la vi me dijo: “espero verte pronto allá en la misión”. A los pocos meses se fue al cielo. Recuerdo que el día que eso sucedió, vinieron varias personas a pedir comida a casa. Ese día luego de darles la comida, una persona preguntó: “¿Cómo está la madre Angelito?”. La respuesta: “pues, ahora, seguro está con Dios”. Lloraron y luego decían: “bueno ya tenemos otro angel en el cielo”.

Este es mi testimonio, una mujer que de manera sencilla se ganó el corazón de quienes recibieron de ella no sólo ayuda, también acogida, cercanía, consuelo y respeto. Entre estas personas tengo la gracia de estar yo.

Verónica Hernández RMI

En Tlacotepec, su último destino, las personas la recuerdan con mucho cariño. Dicen que era de una caridad muy grande y que siempre estaba procurando  que los demás estuvieran contentos. En especial los Sacerdotes que la conocieron aquí, le agradecen mucho sus desvelos y preocupaciones pues estaba al pendiente de cuando llegaban para preguntarles si ya habían comido, si necesitaban algo y cuando hacía algún postrecito o algo siempre le guardaba una partecita a nuestro sacerdote. Tal vez por esas delicadezas fue que en su sepelio, no pudimos rezar un sólo rosario completo durante el día pues se sucedían misa tras misa al llegar a casa los sacerdotes que la conocieron…Yo estuve presente y fue impresionante para mí ver cómo una hermana tan callada, tan humilde, tan “insignificante” a los ojos humanos fue tan reconocida y por un sólo motivo: el amor que mostraba a las personas que se le acercaban (yo incluida).
El otro día cuando estaba yo con los maestros en la reunión formativa y les platiqué que íbamos a sacar un librito con las vidas de las hermanas y las chicas, de los colaboradores que tenían fama de santidad, inmediatamente me señalaron a Hna. Angela como “una santa”.

Martha Centeno RMI