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Aniversario de la fundación de la Congregación

11 de Junio-page1

Damos gracias a Dios por su mano providente que ha sostenido esta obra y la sigue cuidando.

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Sólo faltan 6 días…

100 años de las Religiosas de María Inmaculada en México.

 

Desde hace ya algunas semanas, se vive en la Casa Provincial un ambiente gozoso y de largas pláticas en las que evocamos y recuperamos nuestros orígenes en este país. Vuelven a la memoria nombres clave: la familia Quintana, Monseñor Luis Romo, familia Lascurain, familia De la Mora. Con todos ellos tenemos una deuda de gratitud enorme.

El inicio fue así:

Hacia el año 1908, le piden a Madre General Maria Teresa Orti, una fundación en México. Pero es hasta el año 1913 que se decide enviar una comunidad a este país. La petición viene de un matrimonio español, radicado en México,  de apellido Quintana, el cual, ya desde antes de nuestra llegada se preocupaba por atender a jóvenes dedicadas al servicio doméstico. Hasta el día de hoy se mantiene el contacto con los descendientes de estos grandes bienhechores. Y la Señora Quintana, al morir, fue enterrada “con el hábito de la Congregación y con los honores de haber sido “fundadora”, según nos refiere, ahora, una de sus nietas.

En 1910 estalló la Revolución Mexicana y los grupos que subieron al poder fueron antagónicos al catolicismo. Así que, en 1913 se creía que ya todo estaba pacificado. No era así. Las hermanas que llegaron a México, “las doce fundadoras,” pronto tuvieron que dejar las  casas que habían abierto (tres: una en el D.F. otra en Guadalajara y otra en Puebla),  para refugiarse en casas de familiares y amigos pues en el año 1926 estalló la inconformidad del pueblo mexicano, tan católico, en contra de las arbitrariedades que el Gobierno estaba cometiendo en contra del clero, del culto, de los religiosos y religiosas dando origen así al llamado “Movimiento Cristero”. En el año 1935 las Religiosas de María Inmaculada tuvimos que salir de México a causa de esta persecución; pero ya la semilla del carisma estaba sembrada y los grupos de Hijas de María que las Hermanas habían conformado siguieron reuniéndose cada mes bajo la guía de Monseñor Luis G. Romo. Años después, en 1947, al regresar las hermanas al país, fue gracias al trabajo y a las colectas de estos grupos de Hijas de María, que se pudo pagar la primera renta de la casa que las Hermanas alquilaron. Regresamos a México sin casa pues los inmuebles fueron expropiados por el Gobierno.. No teníamos casa, pero abundaron las ayudas de las familias y de las chicas y poco a poco se fue saliendo adelante, con intenso trabajo y con la alegría de estar haciendo el bien de nuevo bajo la sombra de la Señora del Tepeyac. La alegría de nuestras hermanas, que nos han precedido, se contagió a numerosas jóvenes que decidieron entrar a la Congregación, México ha sido un manantial de vocaciones para la familia de Vicenta María. El noviciado se abrió en 1952 y salvo un breve período, en 1976, ha seguido formando RMI hasta el día de hoy.

La Congregación, organizada por provincias, decidió llamar a la nuestra “de Guadalupe” y actualmente es identificada como Provincia América Septentrional, desde sus orígenes ha visto la apertura de 17 casas y el cierre de cinco de ellas: Puebla de los Angeles, San Luis Missouri, Bronx, Chilac e Iztapalapa. Continúan abiertas y sirviendo a las jóvenes: México, Guadalajara (3), San Luis Potosí, Monterrey, Tehuacán, la misión de Tlacotepec de Díaz, la más reciente en Ciudad Obregón, y tres en Estados Unidos: San Antonio, Washington, New York.

En cada una de nuestras casas se guardan anécdotas, recuerdos, historia de familia congregacional, pero es ahora, en el 2013, que nuestra Casa Provincial se viste de gala y de gratitud al recordar los primeros pasos de nuestro Instituto en estos países del norte de América. Junto con todas las casas, y agradeciendo en especial la guía de nuestras Madres Generales Ma. Teresa Orti, quien autorizó la primera venida, Ma. de la Concepción Marqués quien ordenó que dejaran el país para salvaguardar sus vidas, y M. Ma. de San Luis de Caso quien, considerando que ya el peligro había pasado,  nos permitió regresar a México,  nos alegramos de la obra que Dios ha hecho y sigue haciendo a través de Vicenta María y su Congregación. Demos gracias a Dios por todo.                                                                                                     H.Martha Centeno Novelo RMI

Fundación en la capital mexicana

La fundación de México, fué promovida por un celosísimo matrimonio: español y vasco el marido, y mexicana la señora. A pesar de los doce hijos con que el Señor bendijo su unión, hallaba tiempo la piadosa señora para ocuparse con gran celo, en el cuidado de las empleadas de hogar: parecía en ello emular a nuestra Da. Eulalia.
En el verano de 1911, el Sr. D. Wenceslao Quintana, que así se llamaba el jefe de tan patriarcal familia, en un viaje que hizo a España con sus cuatro hijos mayores, conoció el Instituto de la Madre Vicenta María y formó el propósito de llevarlo a la capital mexicana. Quedó convenido con las Religiosas que a su regreso a la República, prepararía conveniente instalación en una casa de su propiedad, en la confianza de que el Instituto por si sólo se abriría camino, desarrollándose en breve tiempo prosperamente.
En efecto, al poco tiempo, recibieron las Religiosas la carta mensajera del llamamiento generoso, con expléndido donativo para los gastos del viaje. Salieron, pues, doce religiosas el 12 de Junio de 1913, siendo recibidas en México el 28 del mismo mes, con bondadosísimas pruebas de alegría y afecto verdadero.
Allí han vivido y vien al abrigo de tan generosa y caritativa familia, que más bien que bienhechores de nuestras Hermanas, parecen y obran como padres amantísimos suyos, sin que los horrores de la guerra, que casi desde su llegada asuela aquella piadosísima, fértil y hospitalaria nación, hayan puesto en menor peligro a nuestras amadas Hermanas. El día en que la Historia de nuestras fundaciones llegue a escribirse, podrán conocerse, referente a la que nos ocupa, rasgos y actos edificantísimos de nuestras Religiosas y de sus bienhechores, entre ellos dos muy señalados, que muestran elocuentemente la gran caridad de los Señores de Quintana, y queremos dejar consignados aquí.
Al estallar de nuevo la revolución escribieron los Sres. de Quintana a nuestra Rvma. Madre General: “Esté V.tranquila, tenemos doce hijos, pero ahora contamos con veinticuatro: cuidaremos de las de V. como de los propios, y si algo hubiese que sufrir, primero lo padecerían los nuestros”. Esta palabra se ha cumplido y cumplen, con exactitud y grandísima generosidad. He aquí el otro acto que enaltece también grandemente los sentimientos generosos y caritativos del Sr. Quintana. Un día, entraron los insurrectos en la fábrica de armas que este Señor tiene, llevándose cuanto pudieron y destrozando cuanto hallaron al paso. Tuvo D. Wenceslao noticia de tan lamentable suceso estando en la mesa con su familia y nuestras religiosas, allí refugiadas en aquellos días de luto para la nación mexicana: al transmitírsela por teléfono su hijo mayor, preguntóle si había acaecido alguna desgracia al personal; y como le contestara que estaba ileso, añadió, ” eso es lo principal, bendito sea el Señor.” (“Vida de la Reverenda Madre Vicenta María López y Vicuña, escrita por sus Religiosas Contemporáneas)